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¿Qué es la hematuria?


Se define como la presencia de hematíes (sangre) en la orina y, aunque la pérdida de sangre a través de la orina en individuos sanos es algo normal, el sangrado debe considerarse patológico cuando el paciente presenta más de 2 hematíes por campo de orina.

¿Qué tipos de hematuria hay?

Los especialistas establecen, desde el punto de vista práctico, dos tipos de hematuria:
- Macroscópica o macrohematuria, presencia a simple vista de sangre en la orina. Esta hematuria puede provocar complicaciones inmediatas, requiere la intervención instrumental y produce ansiedad en el paciente.
- Microscópica o microhematuria, aparece oculta en la orina clara y sólo puede evidenciarse con medios técnicos. No requiere instrumentación inmediata, se diagnostica generalmente de forma accidental o en el curso de la investigación de otro síntoma, suele ser bien tolerada y puede atenderse de forma ambulatoria.

La distinción no resta importancia clínica a una o a otra, sino que se consideran manifestaciones de un mismo fenómeno. El estudio urológico completo es obligatorio en ambos casos y la relevancia del foco sangrante no tiene por qué relacionarse con la cantidad de sangrado.
La macrohematuria es más frecuente en varones (en proporcion de 3:1), mientras que ambos sexos se igualan en los casos de microhematuria.
La microhematuria origina el 12% de las consultas en nefrología, el 4,2% de las realizadas en urología y el 0,3% de los servicios de urgencias. El 5% de las consultas por microhematuria son pediátricas.

¿Cuál es el origen de la hematuria?
La hematuria tiene su origen en los sangrados, de mayor o menor intensidad, que se producen en los órganos del aparato urinario: riñón, vías altas, vejiga, próstata o uretra.
En casos de afectación global de un órgano se habla de hematuria renal, vesical o prostática.

¿Qué síntomas se asocian a la hematuria?

La asociación a síntomas de diversa índole permite focalizar el origen del sangrado y realizar una aproximación diagnóstica. Además de la presencia de hematíes en la orina, los especialistas interrogan al paciente sobre la presencia de dolor lumbar (orientadora de una hematuria de origen renal), anemia, dolor lumboinguinal, sensación de escozor o punzada al final de la micción.

En caso de padecer hematuria aislada o monosintomática (cuando se presenta en ausencia de otros síntomas) los especialistas no descartan la posibilidad de que exista un proceso cancerígeno.

El 39% de los pacientes con hematuria monosintomática tienen neoplasia.

¿Hematuria = cáncer?

El aspecto más importante del estudio de la hematuria es identificar a los pacientes con causas potencialmente fatales. El riesgo de que la causa del sangrado sea grave es del 25% cuando se trata de varones mayores de 50 años con macrohematuria.
El 7,5% de los varones mayores de 50 años con hematuria presenta una neoplasia.

¿Existen grupos de riesgo?

Los factores personales de riesgo neoplásico que obligan al estudio de la microhematuria son los siguientes: trabajadores de industrias químicas con exposición a bencenos o aminas aromáticas; abuso de los analgésicos y del tabaco; presencia de infecciones crónicas de orina, dolor en la micción o superar los 40 años.

¿Cómo se diagnostica la enfermedad?

En la fase preliminar del proceso diagnóstico de la hematuria, el urólogo debe definir si es micro o macroscópica, en qué fase de la micción se produce, si está asociada a dolor y si el paciente elimina coágulos.
El tipo de hematuria en los pacientes que no presentan elementos de riesgo se determina tras la realización de una ecografía y una UIV.

Si el paciente no ha sido bien diagnosticado, presenta hallazgos dudosos, sangra más copiosamente, presenta síntomas acompañantes o pertenece a uno de los grupos de pacientes con factores de alto riesgo con macro o microhematuria es preciso desplegar todo el protocolo diagnóstico que incluye además de la ecografía y la UIV, la realización de citología y citoscopia, además de pruebas complementarias de diagnóstico por imagen (TAC o RNM, angiografía, ureterorrenoscopia o flebología).

¿Cómo se trata la hematuria?

El tratamiento de la hematuria está determinado por el origen de la misma: renal, vesical o prostático. La terapia médica para el tratamiento de la hematuria contempla la administración de anfibrinolíticos (para favorecer la formación del coágulo), anticistopáticos (para reforzar los capilares) o la introducción de potentes anticoagulantes para conseguir la lisis completa de coágulos.

Por su parte, las técnicas quirúrgicas más utilizadas para el tratamiento de la hematuria son el desbloqueo o el lavado vesical (desalojo de la vejiga los coágulos retenidos y drenar la orina), el lavado continuo a través de una sonda, el taponamiento mediante la colocación de un tampón a presión que oprime el foco sangrante, la ablación eléctrica o mediante láser de las lesiones o el cerclaje de la cápsula prostática.

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